Antonio Buero Vallejo 1916-2016

Resultado de imagen de antonio buero vallejoEnviado al purgatorio desde su muerte en el año 2000, rara vez se han representado sus obras en los últimos años. Quizá la cita de Vives “Vivimos en tiempos tan difíciles que es peligroso hablar o guardar silencio” lanzada en el discurso de agradecimiento del Premio Cervantes de 1986 o su teatro sobre cuestiones candentes de la realidad, no tan lejanas, le han hecho tan peligroso como lo era para la censura franquista que le apretaba sistemáticamente mientras sus obras eran éxitos de público y crítica. Primero pintor y luego dramaturgo, sus líneas maestras obedecieron al propósito explícito de lograr una síntesis de dos estilos que, en sí mismos, son antagónicos, el realismo y el simbolismo, y que a lo largo de su producción se pueden ver integrados en armonía.

Nació en Guadalajara, en 1916. Su padre, un militar que enseñaba en la Academia de Ingenieros, fue fusilado por orden de Franco. Buero luchó en las filas republicanas y, al término de la Guerra Civil, permaneció varios años en la cárcel franquista, donde coincidió con Miguel Hernández. En 1949 se dio a conocer, y obtuvo el premio Lope de Vega, con Historia de una escalera, que trata de las aspiraciones y frustraciones de los inquilinos de una casa de vecinos del viejo Madrid. La obra causó impacto por su realismo y su contenido social. En sus primeras obras, Buero Vallejo se propuso desvelar la angustia y soledad en las que se debate la existencia humana, casi siempre en condiciones mediocres cuando no hostiles. En una etapa posterior, particularmente vasta, el autor muestra una tendencia al mito, la leyenda y la fábula como fórmulas de burlar la censura en obras como En la ardiente oscuridad (1950), Madrugada (1953), Hoy es fiesta (1956) o La fundación (1974), sin dejar la preocupación por la realidad española y el intento de propiciar una reflexión apasionada y serena, rigurosa pero abierta, que abra la conciencia civil al espejo de la historia.

El concierto de San Ovidio (1962) y El sueño de la razón (1970) son otras obras que hablan de esa preocupación por desvelar enigmas que cubren momentos cruciales de la historia española. A lo largo de su vida, Buero Vallejo, que luchó contra toda clase de adversidades y que nunca abdicó de sus ideas ni de una actitud ética de compromiso con los más débiles, recibió numerosos homenajes. El mundo oficial se rindió ante su talento, y le concedió el Premio Nacional de Teatro en 1980 y el Cervantes de 1986. Fue también galardonado con el Premio Nacional de las Letras en 1996 y con el Premio Max Honorífico en 1999.

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